Es la misma mirada
en el espejo: dos pesares.
Es el mismo fuego:
dos llamaradas,
dos cenizas.
Y la sangre acontece.
Una tan roja como la otra.
Turbulentas manos,
con un esfuerzo
comparable a morir,
desarticulan
el desdoblamiento
de la imagen.
Morir, se pregunta,
es parte de la farsa,
o es su superioridad?
Al borde del suicidio
ese hombre debería gritar,
pidiendo socorro,
un hombre
debería gritar,
pidiendo,
debería,
un hombre...
La bala quiebra
al espejo
también:
una caída estrepitosa,
amante
de su propia masacre,
multiplica al infinito
sus desgarramientos...
-----------------------------------------Zuicidio
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